§ 1
La situación de pandemia, confinamiento y distanciamiento físico tiene lugar dentro del marco ineludible de un contexto. Nuestro primer paso consiste en no invisibilizar o abstraer ese contexto. La forma abrupta y obligatoria en que la pandemia nos coloca en situación de confinamiento y distanciamiento físico, a través de un mandato, refiere a una doble necesidad que invoca un orden superior al orden de lo privado y lo individual: el bien común y la salud pública. De modo tal que, cualquier discusión sobre el confinamiento, el distanciamiento físico y las consecuencias de virtualización, carácter remoto y no presencial que tienen en relación con nuestras actividades habituales, no debería ignorar el cuestionamiento ético social que implica. Mientras la ética individual se pregunta por la forma de actuar correcta o incorrecta del individuo, cuyos efectos recaen sobre sí mismo, la ética social implica tomar conciencia de las consecuencias que sobre los demás tienen nuestros actos. La pregunta obligatoria para todos y todas es: ¿qué estamos dispuestos y dispuestas a dejar de hacer por el bien común y la salud pública?
§ 2
Reflexionar sobre la dimensión corporal de nuestra existencia vista desde el contexto de pandemia, confinamiento y distanciamiento físico comprende una dimensión local del cuerpo tanto como una dimensión global del cuerpo. Es esta segunda dimensión la que permite hablar de salud pública y bien común, en el sentido no del carácter saludable o no de este o aquel cuerpo individual, sino en el sentido del cuerpo social y su capacidad global de atender la salud como un derecho de todo aquel que forma parte de la comunidad. Por un lado, el cuerpo local, que por error llamamos individual o personal, se ve enfrentado a una restricción de su capacidad de actuar. Por otro lado, el cuerpo global, que puede ir más allá del cuerpo social, ha pasado a una especie de contención y de concentración. Sería un error creer que la restricción de la capacidad de actuar del cuerpo local en el actual contexto implica una reducción de su libertad y de su condición de agente de cambio. También sería un error creer que la contención y concentración del cuerpo global implica su inactividad, su total pasividad, ni mucho menos su carácter inalterable. Esto se puede ver tanto a nivel de la vivencia cotidiana y existencial de la corporalidad, íntima y doméstica, como en la experiencia política de la movilización social. Lo que la pandemia, el confinamiento y el distanciamiento físico han puesto en evidencia y han colocado como urgentes, al lado de otras causas y luchas ya generalmente reconocidas, son los cruces, las intersecciones y las implicaciones mutuas y necesarias entre la experiencia del cuerpo local y el estado del cuerpo global.
§ 3
En la práctica de disciplinas corporales como el yoga, el pilates, el ballet, la danza y algunos deportes muy sofisticados como el nado sincronizado o la gimnasia se suele utilizar la noción de ‘corrección’ para referirse no a una evaluación punitiva o a un castigo ante el error provocado al hacer algo mal, sino para referirse a un proceso de reflexión y autoconciencia que otorga al sujeto la capacidad de llevar a cabo continuamente un proceso de ajuste, adaptación y control de su propio cuerpo. Se habla entonces de la conciencia que el ejecutante debe desarrollar de su propio cuerpo para poder corregirlo sin que medie la observación o la mirada (del otro o desde el espejo). Una mirada exterior, privilegiada y globalizante sería la que, tras un proceso de síntesis, hablaría de una postura, de una figura, de una pose y de una coreografía. Se impone así una diferencia entre la vivencia interna de la corrección corporal y la experiencia externa de su contemplación. El lenguaje y el discurso sobre la pandemia, el confinamiento y el distanciamiento físico, sobre las nuevas experiencias que implican de nuestras corporalidades locales y globales, no habrían de ser pensadas solamente como una derrota o una imposición decadente, sino como un ejercicio coordinado a nivel local y global de corrección de nuestros hábitos corporales a través de su vivencia más consciente y reflexiva. Lo cual, potencialmente, significa también más crítica, más eficiente con su capacidad de actuar fuera del hábito y la costumbre, con una capacidad agente de transformación mayor. Si a un nivel ético social el cuerpo local es interpelado en su responsabilidad sobre el cuerpo global, a un nivel estético el interior de la corrección corporal a la que nos obliga el contexto de pandemia, confinamiento y distanciamiento físico debe intersectarse con la mirada contemplativa del exterior desde el cuerpo global del que forma parte. Por eso es necesario que el cuerpo individual se corrija, en el sentido mencionado de conciencia, comprensión y experimentación con su propio hábito y potencia, porque esto significa, desde la perspectiva del cuerpo global, la oportunidad para este de verse a sí mismo, de contemplarse y sobre todo de entenderse como un cuerpo pleno de afectos, heterogéneo y en una constante búsqueda de coherencia y cohesión que no logrará nunca. Dicho de otro modo, es necesario que el cuerpo local muestre la vivencia dramática de su situación, para que el cuerpo global se mire y reconozca en crisis y transformación. Es este el fin de todo gesto estético que pretenda ser artístico, un gesto de ida y vuelta, de intercambio, tensión y disputa de miradas, en general, de percepciones, entre el cuerpo local y el cuerpo global.
§ 4
Una iniciativa artística de este tipo es la que ha presentado y seguirá desarrollando Lucía Howell en su participación dentro de la convocatoria This Way del Museo de Arte Contemporáneo y Diseño en Costa Rica. Lucía Howell no trata de hacerse cargo del contexto de pandemia, confinamiento y distanciamiento físico para representarlo y exhibirlo de vuelta, sino que lleva el cuerpo local, en su dimensión íntima y doméstica, a un experimento que implica su conexión con la palabra, con la improvisación (otra forma de decir corrección en el sentido descrito arriba) y la colaboración con otros cuerpos, pero sobre todo la mediación de todo tipo de dispositivos estéticos capaces de interpelar al cuerpo global. La pregunta acá no es por lo que nos pasa en confinamiento o distanciamiento social, sino sobre lo que desde allí podemos ofrecer al cuerpo global para su salud y bienestar, dado este contexto. Pero sobrepasando el contexto, también es una interpelación sobre la necesidad no solo de las correcciones locales sino sobre todo de las convulsiones globales aún posibles, en vista de las transformaciones urgentes y vitales que se hacen evidentes e ineludibles. Sin el gesto estético artístico que produce el intercambio de miradas, que es una de estas formas de interpelación mutua, todo anhelo o intención de cambio sería simplemente imposible. La propuesta que en este sentido hace Lucía Howell desborda la idea de una convocatoria, de una exposición, de una pieza artística, de un museo y de un catálogo para tomar la forma de algo que, para este texto, en tanto constituido solamente de palabras, es todavía impredecible.